Aunque muchas personas suelen confundirlos, la canícula y El Niño son fenómenos distintos que impactan el clima de maneras diferentes. Ambos provocan un aumento en las temperaturas, pero sus causas, duración y alcance no son los mismos.
La canícula es un periodo estacional caracterizado por calor extremo y una notable disminución de las lluvias. Se presenta cada año durante el verano y suele durar alrededor de 40 días, principalmente entre julio y agosto. Este fenómeno ocurre debido a sistemas de alta presión atmosférica que bloquean la formación de nubes y precipitaciones, generando sequía, cielos despejados y temperaturas elevadas en regiones específicas.
Por otro lado, El Niño forma parte del fenómeno climático conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Se origina por el calentamiento anormal de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial y puede extenderse entre 9 y 12 meses, e incluso por varios años. Sus efectos son globales, provocando desde sequías extremas hasta inundaciones en distintas partes del mundo.
Tanto la canícula como El Niño incrementan el riesgo de golpe de calor, deshidratación y enfermedades gastrointestinales, ya que las altas temperaturas aceleran la descomposición de los alimentos. Por ello, especialistas recomiendan evitar la exposición directa al sol entre las 11:00 y las 16:00 horas, mantenerse bien hidratado y consumir alimentos en buen estado para proteger la salud durante esta temporada de calor intenso.