Aunque muchos asocian los tornados con Estados Unidos, en Morelos también pueden formarse estos fenómenos meteorológicos, especialmente los llamados tornados no supercelda o no supercelulares. Expertos explican que su aparición depende de una mezcla peligrosa entre el relieve montañoso del estado y condiciones atmosféricas extremas.
La ubicación de Morelos dentro de la Cordillera Neovolcánica favorece la alteración natural de los vientos. Las cañadas y valles generan un llamado “efecto de canalización”, donde las corrientes de aire aceleran y forman pequeños giros en la superficie. Además, las montañas obligan al aire cálido y húmedo a elevarse rápidamente, detonando tormentas severas.
Las condiciones más riesgosas suelen presentarse entre marzo y agosto, cuando coinciden frentes fríos, temperaturas elevadas y alta humedad. El calor extremo en el suelo provoca que el aire ascienda violentamente y choque con masas frías provenientes de zonas altas.
A esto se suma la llamada cizalladura del viento, un cambio brusco en velocidad y dirección del aire que hace girar las corrientes ascendentes y puede originar un tornado.
Especialistas recomiendan mantenerse atentos a alertas de clima, nubosidad intensa, tormentas eléctricas y ráfagas repentinas de viento, especialmente durante la temporada de lluvias en Morelos.