Mientras el discurso oficial presume obras “estratégicas” y multimillonarias inversiones en infraestructura, el descarrilamiento ocurrido el pasado 28 de diciembre en Oaxaca expuso una realidad distinta en el Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec: irregularidades técnicas, pagos indebidos y presunta corrupción documentada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).
De acuerdo con los hallazgos, la rehabilitación de la Línea Z —donde ocurrió el accidente— se ejecutó desde su origen con deficiencias graves. El proyecto arrancó en 2019 sin una planeación adecuada y tuvo que modificarse sobre la marcha, una práctica que los auditores calificaron como irregular y riesgosa, especialmente tratándose de una obra ferroviaria.











