La fuerte explosión de gas LP en la colonia Las Granjas, que dejó una persona fallecida, 21 lesionados, cuatro vehículos calcinados y 41 inmuebles afectados, abrió una pregunta entre los habitantes: ¿cuándo es realmente seguro regresar a una vivienda después de una deflagración?
La respuesta no depende únicamente de cuánto tiempo haya pasado. Tras una explosión de gas LP, el riesgo puede continuar debido tanto a daños estructurales como a contaminantes presentes en el aire y las superficies.
El propano y el butano pueden dispersarse rápidamente al aire libre, por lo que no existe evidencia de una nube tóxica que permanezca durante kilómetros. Sin embargo, la combustión incompleta y el incendio de vehículos, plásticos, cables, pinturas y otros materiales pueden producir monóxido de carbono (CO), partículas finas PM2.5 y compuestos orgánicos volátiles (COV), además de humo y hollín.
El monóxido de carbono es especialmente peligroso porque es invisible e inodoro y puede interferir con la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. El CENAPRED lo identifica como el “asesino silencioso” y advierte sobre el riesgo de intoxicación.
Pero el problema no termina cuando desaparece el humo. Las partículas de hollín pueden depositarse en paredes, muebles y otras superficies, mientras que los residuos de materiales quemados pueden mantener sustancias irritantes. En espacios cerrados, estas partículas pueden permanecer suspendidas o acumularse y afectar las vías respiratorias.
Además, una explosión genera una onda de sobrepresión capaz de provocar daños que no siempre son visibles. Muros, techos y uniones estructurales pueden quedar debilitados aunque el inmueble permanezca aparentemente intacto.
Por ello, no existe un número de horas universal que determine cuándo es seguro regresar. Una vivienda debe ser ocupada nuevamente solo después de que Protección Civil o Bomberos evalúen la estructura, descarten fugas y verifiquen la calidad del aire con instrumentos adecuados. Posteriormente, puede ser necesaria una limpieza especializada para retirar hollín y residuos contaminantes.
Después de una explosión, “ventilar” no basta. La seguridad depende de una evaluación profesional que confirme que tanto la estructura como el ambiente interior son aptos para volver a habitarse.