Las montañas crecían y crecían, pero los años transcurrían y no podían ser unidas. Un buen día, llegó Justo en el Blando y se dio cuenta que esta basura ni siquiera debía de estar ahí amontonada a las orillas del río. Así que el villano de esta historia no es el río de Xochitepec separando el tiradero, sino la gente que sólo sabe extender la mano para tirar botellas, bolsas o envases.
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