Mientras el gobierno habla de registrar líneas telefónicas, los delincuentes siguen operando con celulares robados y controlando redes criminales desde sus celdas.
El caso de Brayan, preso en Santiaguito, es el ejemplo más escandaloso: extorsionaba, incluso a otros reclusos, y operaba una red de explotación sexual. Todo desde la cárcel, ¿de qué sirven nuevas reglas si el crimen sigue teniendo línea directa desde prisión?