Ante la falta de pavimento, llegar a este lugar da una extraña sensación como si uno estuviera entrando a la mismísima Luna. Y es que las calles de Tepoztlán son un verdadero problema, uno que parece no tener fin. Las vialidades están tan dañadas que ni los taxis ni los conductores del servicio público, mucho menos las ambulancias, quieren subir.