Los columpios ya no cuelgan, sobreviven. Las cadenas oxidadas hacen más ruido que niño en crisis. Los sube y baja, bajaron, pero ya no subieron. Sin agarraderas, sin asiento, sin dignidad, aquí los niños ya no pueden jugar decentemente. Y los papás no van a relajarse, van a rezar. Lo único que se salva es el pasto, pero no porque sea resistente, sino porque es sintético.
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