Olvídense de glorias modernas, aquí las glorietas son súper rústicas, hechas a base de piedras, que más parecen monumentos arqueológicos.
Y la joya de la corona: una calle de puro barro que, cuando llueve, se transforma en un impresionante lago digno de concurso de natación. ¡sí, nada más falta que saquen las tortugas y los patos!
¡No se puede andar a gusto!
Pero ojo, que andar por ahí no es cosa de risa: ni a pie ni en coche se puede transitar sin acabar pareciendo explorador en zona de desastre. Y claro, los vecinos ya están hartos de que las autoridades municipales pasen de largo como si nada.