El gobierno se aferra a relatos que nadie cree: un encendedor capaz de reducir a cenizas 57 camiones, becas que se presentan como dádivas personales de la titular del Ejecutivo y silencios sobre extorsiones que golpean a empresas. La estrategia es clara: negar la complicidad con el crimen y disfrazar la corrupción con discursos que se derrumban frente a la realidad.