Aquí el pavimento es una leyenda urbana y la tierra anda desatada: levanta polvo, esconde piedras traicioneras y te sacude el desayuno con cada salto. Los vecinos no caminan, hacen malabares, y cuando llueve el lugar se convierte en parque acuático con lodo spa incluido: te abraza los pies con cariño, pero no te suelta.











