La sífilis es una infección de transmisión sexual (ITS) causada por la bacteria Treponema pallidum. Aunque muchas personas creen que se trata de una enfermedad del pasado, la realidad es que los casos han aumentado de manera significativa en distintos países, convirtiéndose en un importante problema de salud pública.
El contagio ocurre principalmente durante las relaciones sexuales vaginales, anales u orales sin protección, mediante el contacto directo con llagas o lesiones infecciosas conocidas como chancros. También puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo o el parto, una condición conocida como sífilis congénita.
Entre los mitos más comunes destaca la creencia de que, si la llaga desaparece sola, la enfermedad ya fue eliminada. Sin embargo, los especialistas advierten que la infección puede entrar en una fase latente y continuar dañando órganos internos sin presentar síntomas visibles.
Otro error frecuente es pensar que el sexo oral no transmite la enfermedad o que el condón ofrece una protección absoluta. Aunque reduce considerablemente el riesgo, no elimina por completo la posibilidad de contagio.
Además, haber padecido sífilis anteriormente no genera inmunidad permanente, por lo que una persona puede reinfectarse. Los expertos recomiendan realizarse pruebas de detección periódicas, especialmente si se mantiene una vida sexual activa, ya que el diagnóstico oportuno y el tratamiento con antibióticos permiten una curación efectiva y previenen complicaciones graves.