¿Y los baños? Mejor ni entramos en detalles, porque capaz que todos terminamos muriéndonos pero del asco. Uno podría pensar que el ayuntamiento implementó la modalidad de mantenimiento fantasma: no se ve, no se siente, pero vaya que asusta. Su ayudante, Aníbal Hernández, debería encargarse de estos asuntos antes de que el panteón parezca selva y feria de gérmenes.