Perros, gatos, caballos y hasta burros fueron protagonistas de escenas de solidaridad en Europa.
En Grecia, refugios improvisados acogieron a decenas de animales: perros, gatos, caballos y especies silvestres. Vecinos y brigadistas organizaron espacios temporales para protegerlos del fuego y del calor extremo.
En los Países Bajos, una residencia canina fue evacuada por completo. Decenas de mascotas fueron trasladadas en vehículos especiales para garantizar su seguridad, mientras las llamas avanzaban cerca del lugar.
En España, una agricultora vivió un momento conmovedor: tras días de incertidumbre, se reencontró con sus burros, a los que creía perdidos por los incendios. El abrazo con sus animales se convirtió en símbolo de esperanza.
Los refugios improvisados, las evacuaciones y los reencuentros nos recuerdan que en cada tragedia hay gestos de humanidad. Proteger a los animales es también proteger nuestra propia esencia.
Explota pipa de gas en colonia de Cuernavaca