Los baches no son baches, son cráteres con aspiraciones geológicas, y los vehículos que se atreven a cruzar lo hacen con la fe del que reza y la suspensión del que ya se resignó a comprar una nueva cada trienio. Hay quien dice que manejar en este sitio de Tepoztlán es como jugar ruleta rusa con amortiguadores: nunca sabes cuál te va a dejar en el taller o en el más allá.













