Esta calle en el municipio de Tepoztlán se convierte en auténtico río urbano donde flotan hojas, basura y la paciencia de los vecinos. Los peatones deben elegir entre recorrer kilómetros extras o entrenarse para el "salto de Charcos olímpico", y los que se avientan la hazaña acaban dudando si todavía caminan, o ya bucean.