Pero, ¿qué quería representar? Una crítica social a quienes renegaban de sus raíces mexicanas para aparentar ser europeos y pertenecer a una clase social más alta.
Años después, en 1947, el muralista Diego Rivera la inmortalizó en su obra “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, dándole el elegante atuendo con el que hoy la conocemos como La Catrina.