Especialistas advierten que un polvorín puede detonar por una chispa, fricción, calor o una descarga eléctrica, provocando explosiones de gran intensidad en cuestión de segundos. Entre los principales peligros se encuentran incendios difíciles de controlar, daños severos a viviendas cercanas, lesiones graves como quemaduras o amputaciones e incluso la pérdida de vidas.
Además, tras una explosión se liberan humo y partículas con compuestos químicos y metales que pueden afectar la calidad del aire y representar un riesgo para la salud. Por ello, autoridades insisten en que este tipo de instalaciones debe cumplir estrictas medidas de seguridad y operar bajo supervisión para reducir el riesgo de accidentes.
¡Explosión sacude Ocotepec! El estruendo sembró el pánico al norte de Cuernavaca