Su devoción se remonta al siglo XVIII, cuando, según la tradición, la imagen llegó a esta comunidad y comenzó a ser venerada por los habitantes.
Con el paso de los años, comenzaron a atribuirle numerosos milagros y favores, haciendo crecer su fama mucho más allá de Tepalcingo. Su santuario se convirtió en punto de encuentro para miles de peregrinos que llegan cada año para agradecer, pedir algún favor o cumplir una promesa.