Desde pequeños nos enseñaron a dibujar el Sol con crayolas amarillas, pero la verdad es muy distinta. Según la NASA, el Sol no es amarillo, naranja ni rojo: su color real es blanco.
Lo que cambia no es el astro, sino la forma en que lo percibimos desde la Tierra. Al atravesar la atmósfera, la luz solar se dispersa, alterando los colores que llegan a nuestros ojos. Es el mismo efecto que hace que el cielo sea azul o que veamos atardeceres rojizos.
Leer: ¿Cómo se vería Morelos si nevara según la IA?