Un fragmento de un cohete Falcon 9 de SpaceX impactó la superficie de la Luna a una velocidad equivalente a siete veces la velocidad del sonido, liberando una energía similar a la explosión de tres toneladas de TNT.
El choque produjo un cráter de aproximadamente 30 metros de diámetro. Aunque parece enorme, su tamaño es demasiado pequeño para ser observado a simple vista desde la Tierra, por lo que solo puede ser identificado mediante imágenes captadas por sondas espaciales.
Este tipo de impactos ayudan a los científicos a estudiar la superficie lunar y el comportamiento de objetos que colisionan contra cuerpos celestes sin atmósfera. Además, el caso volvió a poner sobre la mesa el debate sobre los restos de misiones espaciales y el creciente número de objetos que permanecen en órbita o terminan impactando otros cuerpos del sistema solar.
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