Durante cinco horas de pruebas, velocistas, nadadores y levantadores de pesas compitieron dopados con testosterona, EPO y esteroides. Sin embargo, los récords prometidos nunca llegaron. Solo el nadador griego Kristian Gkolomeev logró superar una marca en los 50 metros libres, aunque su registro no será reconocido oficialmente por el uso de traje prohibido y dopaje.
Contra todo pronóstico, tres atletas que compitieron sin doparse se llevaron victorias. Fred Kerley ganó los 100 metros masculinos. Tristan Evelyn triunfó en los 100 metros femeninos con un tiempo modesto, recordando que ‘para ganar se necesita algo más que química’. Y Hunter Armstrong se impuso en los 50 metros espalda.
El público, compuesto por influencers y empresarios de biotecnología, aplaudió el show. Las pantallas mostraban porcentajes de sustancias consumidas por los atletas, mientras los organizadores proclamaban haber ‘cambiado el mundo’. Sin embargo, la falta de récords y la victoria de los atletas limpios dejaron en evidencia las contradicciones del evento.
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