Para llegar a la escuela, los vecinos tienen que pasar por esta calle sin pavimento, que con cada lluvia se convierte en una trampa de lodo. El reto es no resbalarse, no perder el zapato y, de paso, llegar limpiecito a clase.
Y cuando anochece, la cosa se pone todavía más interesante, porque en este sitio de Cuautla, el alumbrado público también está en modo fantasma.













