Al parecer, en el llamado Pueblo Mágico también existe un truco de magia: cada vez que piden agua, las autoridades se esfuman. Mientras los habitantes de Xochitepec esperan una solución, no les queda más que comprar pipas, reciclar hasta la última gota, o agradecerle a Tláloc por las lluvias, porque dicen que él sí les manda agua sin tanta burocracia.











