Han pasado cinco días desde aquella joya de declaración. Cinco días con la agenda vacía de una cosa: la palabra “perdón”. Ni una rectificación, ni una disculpa para la ciudadanía; ni siquiera un “usted disculpe” para los medios.
Más que una frase desafortunada, fue un spoiler de cómo ven el poder: que les pregunten les da urticaria y la crítica les causa alergia. Pero resulta que el acceso a la información es derecho humano, no un favor.
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