Ahí, los vecinos viven entre dos estaciones permanentes: cuando llueve, el lodo toma el control total de la vialidad; cuando hace calor, el polvo cobra revancha. En ambos casos, el resultado es el mismo: caminar o transitar es una misión de alto riesgo.
La zona no cuenta con drenaje, ni pavimentación, y el agua potable -dicen los habitantes- ya forma parte de la categoría de “rumor urbano”, porque todos han escuchado de ella, pero pocos la han visto de forma constante.
¿Un mariposario en Tepoztlán? Vecinos denuncian malas condiciones en calle de Tepoztlán