Cada vez que aparece un bache, los habitantes de Huitzilac organizan su propio programa de rehabilitación: un costal de escombro por aquí, un pedazo de tabique por allá y listo, bache tapado, aunque sea por un rato. El detalle es que después de tantas reparaciones caseras, la calle ya no parece vialidad, sino una exposición de materiales de construcción.











