¿Sabías que los quelites mexicanos forman parte de la historia alimentaria de México desde tiempos prehispánicos? Su nombre proviene del náhuatl quilitl, que significa “hierba comestible” o “verdura tierna”. Estas plantas fueron fundamentales en la dieta mesoamericana y quedaron registradas en el Códice Florentino durante el siglo XVI.
Sin embargo, su consumo ha disminuido con el paso de las décadas. Antropólogos señalan que los quelites comenzaron a relacionarse con la pobreza, provocando que perdieran presencia en la alimentación cotidiana. Desde 1980, su consumo habría disminuido 55% y, de acuerdo con registros de 2021, actualmente se consumen alrededor de nueve kilos por persona al año.
México cuenta con más de 350 especies de quelites documentadas, entre ellas los romeritos, verdolagas, pápalo y huauzontle. Muchas crecen de manera espontánea junto al maíz, frijol y calabaza, como parte de los sistemas agrícolas tradicionales. No obstante, la transformación hacia monocultivos también ha contribuido a la erosión y explotación de los suelos.
Preservar los quelites tradicionales mexicanos implica mantener vivas sus recetas, formas tradicionales de consumo y conocimientos agrícolas. Recuperarlos del campo a la mesa puede ayudar a proteger no solo un alimento, sino también una parte esencial de la identidad gastronómica mexicana.