Cuerpos, mochilas intactas, ojos que soñaron con la cima. Guías tropiezan con botas congeladas o huesos que apuntan al cielo. Uno de ellos vestía con botas verdes, yace desde el año de 1996, y marca el camino del Monte Everest como una brújula silenciosa. Visitawww.aztecamorelos.com y síguenos para más historias.