Pero… ¿de dónde salen estas caritas, tacos y flamencos digitales? Todo empieza con una propuesta. Sí, cualquiera puede sugerir un emoji, pero no es tan fácil como parece: hay que enviar un documento de más de 2,600 palabras a Unicode, el organismo que regula estos íconos globales.
Tienes que demostrar, con números y comparaciones, que tu idea será popular. Además, diseñar un ícono claro, libre de derechos y diferente a los ya existentes.
Así que la próxima vez que mandes un emoji, recuerda: detrás de esa mini imagen hay historia, estrategia... y mucha creatividad.