En el corazón de Cuernavaca, Dan—una enfermera de 29 años— ha creado un espacio donde la higiene, la técnica y la empatía se fusionan en cada perforación. Su historia comenzó casi por juego: amistades que la empujaron al mundo del body piercing... pero lo que parecía casual se volvió vocación.
Para Dan, cada perforación es una herida estética que necesita cuidado profesional. Ha atendido decenas de complicaciones por malas prácticas: infecciones, granulomas y cicatrices innecesarias. Su formación médica le permite entender la anatomía, esterilizar correctamente y guiar a sus clientes antes, durante y después del procedimiento.