Se trata del xoloitzcuintle, una raza originaria de México vinculada con el Día de Muertos y el camino hacia el Mictlán.
De acuerdo con la tradición, después de morir, las almas debían llegar al río Chiconahuapan para cruzar hacia el inframundo. En ese recorrido, un perro podía ayudarlas a llegar a la otra orilla.
Pero la leyenda tiene un detalle particular: en una de sus versiones, los perros blancos se negaban a cruzar para no ensuciarse, mientras que los negros decían que ya estaban sucios. Por eso, los de color bermejo o café eran quienes ayudaban a las almas.
Otra versión popular señala que el xoloitzcuintle de color gris jaspeado era el indicado para cumplir esta misión.