Desde el embarazo, las mujeres viven un proceso ritual: evitan eclipses, alzan poco peso y reciben el cuidado de matronas. Cuando nace un bebé, su placenta se entierra junto al tlecuil para mantener su esencia cerca del calor del hogar.
El cordón umbilical, guardado arriba del fuego, asegura que “no se aleje del pueblo”.
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