Bañarse todos los días no significa que inevitablemente se vaya a caer el cabello, pero la calidad del agua que llega a la regadera sí puede influir en su apariencia y resistencia. El exceso de minerales, como los presentes en el agua dura, además del cloro utilizado para su desinfección, puede resecar el cabello y el cuero cabelludo, haciendo que el pelo se sienta áspero, quebradizo y más propenso a romperse.
¿Cómo afectan la cal y el cloro al cabello?
Cuando el agua contiene una concentración elevada de minerales, puede dejar residuos sobre el cabello y dificultar que los productos de limpieza e hidratación funcionen correctamente. Esto puede hacer que el pelo pierda suavidad, mientras que el cuero cabelludo puede sentirse más seco.
El cloro, por su parte, puede contribuir a la resequedad al entrar en contacto frecuente con el cabello. El problema puede ser más evidente en personas que ya tienen el pelo seco, teñido o sometido a tratamientos químicos.
¡OJO! El cabello quebrado no es lo mismo que la caída desde la raíz. Si notas una pérdida de cabello considerable, zonas con menor densidad o caída persistente, el agua de la regadera no debería asumirse como la única causa.
¿Un filtro para la regadera puede ayudar?
Una opción sencilla para quienes sospechan que el agua de su casa está afectando su cabello es colocar un filtro para regadera. Dependiendo del modelo, estos dispositivos pueden estar diseñados para reducir determinadas sustancias presentes en el agua, aunque no todos funcionan de la misma manera.
Antes de comprar uno, revisa qué contaminantes o minerales puede reducir realmente el filtro y, si es posible, conocer la calidad del agua de la zona. Por otro lado, recuerda utilizar productos hidratantes y evita lavar tu cabello con agua demasiado caliente.
Si la caída continúa durante varias semanas o aumenta de forma notable, lo recomendable es buscar la causa con un dermatólogo, ya que existen múltiples factores que pueden provocar pérdida de cabello y no todos están relacionados con el agua.