Entre 2018 y 2025, un exdirectivo del SCR Altach colocó teléfonos móviles ocultos en vestuarios, duchas y gimnasios, e incluso utilizó ojos de cerradura para grabar en secreto a una treintena de jugadoras del equipo femenino del club. Según medios locales, se trata de unos 70 terabytes de material, equivalentes a aproximadamente 1.550 horas de vídeo de alta resolución, exponiendo la privacidad de las deportistas de manera masiva y deliberada.
El club austríaco, cuyo equipo femenino ocupa actualmente el tercer lugar en la Bundesliga, aseguró haber sido informado de la investigación un mes después de que el empleado renunciara alegando “motivos personales”.
Este lunes, el acusado fue condenado a siete meses de cárcel condicional y a pagar una multa de 1.200 euros, mientras que las jugadoras recibieron apenas 625 euros como indemnización, una cifra que muchos consideran insuficiente frente al daño psicológico y personal causado.