La explicación es médica. El hielo ayuda a disminuir la inflamación y el dolor tras un esfuerzo físico intenso. Al aplicarlo, los vasos sanguíneos se contraen, reduciendo la circulación en la zona y evitando que la lesión se agrave.
Entre los principales beneficios están:
- Reducir la hinchazón en músculos y articulaciones.
- Disminuir el dolor inmediato.
- Acelerar la recuperación tras golpes o sobrecargas.
- Prevenir lesiones más graves.
Por eso, el hielo es parte esencial de la rutina de recuperación en el deporte profesional. No es un tratamiento definitivo, pero sí una herramienta rápida y efectiva para mantener a los atletas en competencia.
Así que la próxima vez que veas a un jugador con hielo en la rodilla, recuerda: no es solo un gesto común, es ciencia aplicada para cuidar su cuerpo y prolongar su rendimiento.
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