En la Liga de Expansión MX, el arbitraje no deja nada al azar. De cara a la temporada 2026, la preparación de los silbantes responde a un protocolo físico y técnico riguroso que inicia mucho antes del pitazo inicial, con el objetivo de garantizar decisiones precisas y un rendimiento óptimo durante partidos de alta exigencia.
El equipo arbitral está conformado por cuatro oficiales en cancha. El árbitro central funge como la máxima autoridad y es el encargado de aplicar el reglamento y tomar las decisiones finales. Los árbitros asistentes, ubicados en cada banda, apoyan en la detección de fueras de juego y faltas cercanas a su zona. El cuarto árbitro supervisa las sustituciones, controla las bancas, gestiona el tiempo añadido y respalda al central en situaciones específicas. A este trabajo se suma la labor de un Comisario de la Federación Mexicana de Futbol, quien supervisa aspectos logísticos y de seguridad antes, durante y después del encuentro.
Los árbitros titulares arriban al estadio entre 90 y 120 minutos antes del inicio del partido. Su rutina comienza con la inspección del terreno de juego, donde revisan el marcaje de la cancha, las redes de las porterías y las condiciones del césped. Posteriormente, sostienen una reunión técnica para definir criterios arbitrales y particularidades del duelo. La hidratación inicia al menos una hora antes, clave para regular la temperatura corporal y mantener la concentración.
El calentamiento, con una duración de 20 a 30 minutos, se divide en distintas fases: activación aeróbica, movilidad articular, ejercicios dinámicos y trabajos específicos, enfocados en prevenir lesiones y afinar la toma de decisiones. Porque en el arbitraje, como en el futbol, llegar listo también es parte del juego.