La decisión del Ministerio del Interior británico señaló que la presencia del rapero “no era conveniente para el bien público”. Esto bastó para que el evento de tres días fuera suspendido y se anunciaran reembolsos a los asistentes.
El impacto fue inmediato: grandes marcas retiraron su patrocinio, dejando al festival sin respaldo comercial. Todo esto en medio de críticas por los antecedentes del artista, incluyendo contenido considerado ofensivo y polémico.
Organizaciones y figuras políticas también presionaron para excluirlo, reforzando el debate sobre cancelación, libertad de expresión y responsabilidad pública.
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