Desde que el drenaje de otras colonias quedó a medias, las aguas residuales decidieron mudarse y quedarse como ¡vecinas permanentes! El resultado.
Un aroma inolvidable que nadie pidió y que se cuela hasta en las casas.
“Parece a veces cascada y pues todas las mañanas hasta es lo que me despierta, hay ya viene el agua, ya empieza el olor desagradable”, vecina afectada.
Entre hongos, animalitos oportunistas y ese vientecito sospechoso que recorre la calle, los habitantes ya no saben si reír o llorar...
Entre zanjas, piedras y registros de agua sin tapa, así se encuentra la calle Cardenal de Huitzilac