El lugar parece un arenero gigante: ni un pedacito de pavimento, solo tierra, polvo y más polvo… que se levanta con cada auto que pasa, dejando a los vecinos entre nubes que más bien parecen receta para gripa, alergia y uno que otro estornudo comunitario.
Y si hablamos de los carros… bueno, las visitas al mecánico ya casi son parte del tour del barrio, porque entre baches y tierra, las averías llegan prácticamente al infinito.
Coladera colapsada en Cuautla