Este “aroma” viene con todo incluido: molestias, riesgos sanitarios y hasta una que otra enfermedad de cortesía. Los más afectados, los niños que caminan a la escuela esquivando charcos y respirando lo que nadie debería. Mientras tanto, las autoridades brillan, pero por su ausencia.
BLANDAZO: Había una vez, una gobernadora que soñaba con ser reina y sí, hablamos de Layda Sansores