La Cruz de Pericón, elaborada con flores amarillas de esta planta y colocada en puertas, ventanas y sembradíos como símbolo de protección.
Su origen se relaciona con las tradiciones de los pueblos indígenas. Antes de la llegada de los españoles, el pericón era conocido en náhuatl como yiauhtli y tenía un carácter sagrado.
Se utilizaba en ceremonias vinculadas con Tláloc, deidad asociada con la lluvia y las cosechas.
Con la llegada de los españoles surgió un proceso de sincretismo religioso: algunas prácticas indígenas fueron vinculadas con celebraciones católicas. En este caso, la tradición quedó relacionada con la víspera de San Miguel Arcángel, cuya festividad se celebra el 29 de septiembre.
Así, una antigua tradición relacionada con la protección de los cultivos terminó incorporando nuevos símbolos y significados que permanecen hasta nuestros días.