Ser papá no es solo cuidar, educar o proveer. Cada vez más estudios demuestran que involucrarse activamente en la crianza tiene efectos positivos no solo en los hijos, sino también en los propios padres. Lejos del estereotipo del padre distante, hoy la ciencia confirma que quienes se comprometen con su rol paterno desarrollan más empatía, mejor salud mental y conexiones sociales más sólidas.
Hormonas como la oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, se activan en los hombres que cuidan, juegan y conviven con sus hijos. Además, se ha documentado que la presencia paterna está vinculada con una vida más larga, menos depresión, mejor calidad de sueño (aunque con desvelos ocasionales) y un mayor sentido de propósito. La paternidad transforma... y para bien.
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