Aunque cada enero aparece en titulares y redes sociales como el día más triste del año, el llamado Blue Monday tiene más de mito publicitario que de base científica. El concepto se refiere al tercer lunes de enero y plantea que la tristeza puede manifestarse de forma colectiva, impulsada por factores compartidos: deudas post-navideñas, clima frío en el hemisferio norte y la frustración por los propósitos de año nuevo que ya empiezan a tambalearse.
Sin embargo, su origen dista mucho de la psicología. El término nació en 2005 como parte de una campaña de marketing creada para la agencia de viajes Sky Travel, cuyo objetivo era incentivar la compra de vacaciones en una temporada baja. No fue resultado de un estudio clínico ni de una investigación académica.
Especialistas en salud mental y neurociencias, así como instituciones como la UNAM, coinciden en que el Blue Monday carece de rigor científico y se clasifica como pseudociencia. El estado de ánimo humano, señalan, no puede calcularse con una fórmula matemática ni generalizarse para toda la población.
Aun así, el fenómeno ha tenido un impacto cultural real. Ha servido para abrir conversaciones sobre problemas existentes, como el trastorno afectivo estacional, el estrés financiero y la importancia de atender la salud mental en contextos de rutina y presión económica.
En 2026, el Blue Monday caerá el 19 de enero. No implica una tristeza obligatoria, pero sí puede funcionar como un recordatorio oportuno: escuchar lo que sentimos, normalizar el bajón emocional y buscar apoyo si el desánimo deja de ser pasajero. A veces no es el lunes… es lo que venimos cargando desde antes.