En las madrugadas de Japón, las autopistas y zonas industriales se convierten en escenarios de un fenómeno urbano que parece sacado de una película: las carreras nocturnas clandestinas.
Grupos de automovilistas se reúnen para competir con vehículos modificados, motores de alto rendimiento y luces de neón que evocan escenas propias de la saga Fast & Furious. Estas competencias ilegales se difunden con frecuencia en redes sociales, alimentando la fascinación por la cultura automotriz underground.
Para muchos, estas carreras representan adrenalina y libertad. Pero las autoridades japonesas mantienen operativos constantes para frenar estas prácticas, debido al riesgo que implican para conductores y peatones. Los accidentes, la velocidad extrema y la falta de regulación convierten cada encuentro en un peligro latente.
El fenómeno genera debate: algunos lo ven como una manifestación de identidad urbana y pasión automotriz; otros alertan sobre sus consecuencias en la seguridad vial y la necesidad de espacios legales para canalizar esta energía.