La resaca no es un castigo divino: es tu cuerpo pidiéndote explicaciones. Cuando tomas de más, te deshidratas, tu hígado trabaja horas extras y tu cerebro sufre por la falta de electrolitos. Resultado: dolor de cabeza, náuseas, sueño raro y esa sensación de “¿por qué hice eso?”.

Para mejorar los síntomas, lo básico funciona: agua (mucha), un suero para recuperar sales, comida ligera y evitar el “recalentado alcohólico”. Dormir también es medicina y, si puedes, un buen café para despertar el alma.

Conclusión: la cruda no perdona… pero sí se puede domar.