Se trata de una sustancia oleosa que los castores segregan y esparcen cuidadosamente por su pelaje. Este aceite actúa como impermeabilizante, evitando que el agua penetre en su piel y manteniéndolos secos incluso después de largas horas nadando.
Además de mantenerlos secos, el aceite ayuda a conservar el calor corporal. En climas fríos, esta protección es esencial para que el castor pueda seguir activo en la construcción de represas y madrigueras.
Gracias a este mecanismo natural, los castores se convierten en ingenieros de los ecosistemas acuáticos. Su capacidad de permanecer en el agua durante largos periodos les permite modificar ríos y lagunas, creando hábitats que benefician a otras especies.
Anaconda atacando a pescador en el Amazonas