Cada 14 de febrero, el Día del Amor y la Amistad pone sobre la mesa una de las preguntas más antiguas —y debatidas— de la humanidad: ¿la fidelidad y la monogamia son naturales? Las cifras dicen que sí, al menos en el ideal.
Diversos estudios de comportamiento social indican que más del 70% de las personas considera la fidelidad como un pilar indispensable en una relación estable, y una mayoría sigue apostando por vínculos monógamos a largo plazo, aun en una era marcada por la inmediatez y las relaciones líquidas.
Curiosamente, en el reino animal la monogamia es mucho menos común. Solo entre el 3% y el 5% de las especies permanecen unidas hasta que la muerte las separa. Las aves lideran este perfil amoroso: cisnes, albatros y pingüinos comparten pareja, territorio y crianza. Entre los mamíferos, los lobos grises, los gibones y los castores destacan por su lealtad. En el mundo marino, los caballitos de mar y los peces ángel también apuestan por el “para siempre”.
El amor, al final, parece ser un acto de resistencia, aquí y en la naturaleza.