Durante las olas de calor, es común sentir una fuerte fatiga o ganas de dormir incluso durante el día. Esta sensación no es sólo imaginaria, ya que responde a procesos fisiológicos concretos que el cuerpo activa para protegerse del exceso de temperatura.
El esfuerzo extra por regular la temperatura corporal
El organismo mantiene su temperatura interna alrededor de los 37°C. Cuando sube el calor ambiental, activa mecanismos como la sudoración y la vasodilatación para liberar calor. Esto obliga al corazón a trabajar más rápido y aumenta el ritmo metabólico, consumiendo mayor energía. Como resultado, aparece la sensación de agotamiento, ya que el cuerpo destina recursos importantes a la termorregulación.
Deshidratación y reducción del flujo sanguíneo
Por su parte, la sudoración intensa provoca pérdida de líquidos y electrolitos. Si no se reponen adecuadamente, se genera deshidratación, que termina por reducir el volumen sanguíneo. Esto disminuye el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y músculos, provocando somnolencia, debilidad y menor concentración. Además, la vasodilatación puede bajar ligeramente la presión arterial, acentuando la flojera.
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