Lo que pensamos y repetimos en silencio puede ser tan poderoso como las palabras que decimos en voz alta.
Cuando el diálogo interno es negativo —‘no puedo’, ‘no soy suficiente’—, se refuerzan emociones como ansiedad, tristeza o frustración. Por el contrario, un lenguaje interno positivo ayuda a generar confianza, motivación y resiliencia.
Un estudiante que se repite ‘voy a fallar’ probablemente aumente su estrés y bloquee su rendimiento. En cambio, quien se dice ‘puedo intentarlo, estoy preparado’ activa emociones que favorecen la concentración y el éxito.
Los especialistas recomiendan:
- Identificar frases negativas y cuestionarlas.
- Sustituirlas por afirmaciones realistas y constructivas.
- Practicar la gratitud y el reconocimiento personal.
- Recordar que la voz interior puede ser nuestro mejor aliado
Cómo las emociones reprimidas pueden causar dolor físico